miércoles, 13 de octubre de 2010

Borom Tamba


Bámbara Fó
Por Miguel A Barba



Lugar:Auditorio de Diputación. Sábado 9 de octubre de 2010.

Cheikh Montero, percusionista (Djembé y Balafón) y director. Vanesa Sy, Bailarina, corista y coreógrafa. Matar Cámara, percusionista.y bailarín. Walty Nang, bailarina, corista y cantante. Yilamaha Coulibaly, bailarín, cantante y coreógrafo. Mamme Sonko, bailarina y corista. Ibrahima Gueye, percusionista. Djiby Cámara, percusionista y bailarín.

Cheikh Montero es el nombre africanizado que recibió este músico de su maestro y mentor Mamadou Kane, griot o jeli senegalés. Sergio y él decidieron montar esta formación musical en 1999, en el exótico Velingara, Senegal. A la memoria de Mamadou, fallecido el año pasado, estuvo dedicado el inicio del espectáculo y, fue una lástima que este homenaje se viera minusvalorado por la baja calidad de la proyección realizada o de las condiciones en que se hizo.

Sergio o Cheikh dirige un grupo equilibrado de percusionistas-bailarines y bailarinas coristas que basan sus espectáulos en ritmos tradicionales de percusión africana y los característicos sonidos y colores de países como Mali, Guinea y Senegal. Sin embargo no se puede ocultar que la mayoría de sus componentes nacieron, estudiaron o viven en Europa. Empezando por el propio Sergio, malagueño de cuna o la coreógrafa y bailarina Vanesa Sy, nacida en Chiclana y que han repartido también sus dotes artísticas por los mundos del teatro y la manipulación de títeres. Ésto no quita por supuesto, un ápice al valor o la calidad de lo presenciado. Pero si es cierto que no te transmite esas convulsiones telúricas propias de los más arcanos y seculares ritos tribales de los remotos confines de la verdadera áfrica negra.



Esto resta, pero no elimina la fuerza, el color y la plasticidad que transmiten los componentes de Borom Tamba. Tampoco reduce la capacidad de transferencia que al ritmo, como lenguaje de enorme fuerza y expresividad, se le presupone. De hecho los músicos logran momentos de extraordina fuerza, seductores o misteriosos, así como los bailarines y baialrinas demuestran un gran dominio de la danza, poderío físico, destreza y buenas sincronías. Y no es menos cierto que en algunos pasajes, los asientos vibraban o el público aceptó acompañar con palmas. Pero eso no evita cierta sensación de que el grupo se encontraba un poco constreñido.

También era comentado a la salida del auditorio el hecho de que anteriores montajes estuvieron mejor, que les faltó fuerza en algunos fragmentos y que resultaban repetitivos en otras partes.

Esas suelen ser las carencias que se producen cuando los músicos o bailarines son de estudio, o no han vivido desde pequeños las vivencias propias de esas culturas. Puedes aprender muy bien las técnicas, los movimientos, los ritmos... pero alguien que desde sus primeros años de vida, además, ha contado con la educación, los rituales, las necesidades, los peligros... pues como que no es lo mismo.

Escenas como en la que se reproduce una especie de ceremonia animista, entre un hechicero y una jirafa de cuello desplegable danzantes, o la que parafrasea un ritual de hombres y mujeres en competencia, mostrando sus destrezas y habilidades físicas antes de elegir pareja, ejemplifican lo dicho.

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