sábado, 23 de octubre de 2010

Onegin y la caída del telón de acero

La danza de Boris Eifman
Por Meike Schönhütte
Fotos de Daniel Pérez TCE




Lugar: Teatro Cervantes, martes 19 de octubre de 2010 .
Coreografía y dirección: Boris Eifman, Música: Tschaikovsky, Sitkovetsky.
Escenografía: Margolin.
Diseño de luces: Filshtinsky y Eifman.
Vestuario: Shaishmelashvili y Okunev.
Video-art: Bystrov.
Solistas: Natalia Povoroznyuk, Ivan Zaytsev, Zlata Yalinich, Mikalai Radziush, Oleg Markov. Cuerpo de ballet del Eifman Ballet Theatre. Duración: 1.45h
Aforo casi completo.




Poco tiene que ver el ONEGIN de Boris Eifman con la primera versión de John Cranko de 1965 para el ballet de Stuttgart. Pasa lo que suele ocurrir con la mayoría de las nuevas adaptaciones de los grandes clásicos del ballet, cuando el coreógrafo quiere actualizar una historia con una dramaturgia atemporal y se pierde en el intento y hace la obra dispersa. 





El resultado en este caso es un ballet partido en trozos clásicos y en trozos "modernos", aunque sobre la modernidad de esta puesta en escena podríamos discutir. Eifman, que fundó su propia compañía en el 1977 rompiendo con las estrictas reglas del ballet académico ruso e iniciando su camino independiente como coreógrafo, introduce un elemento clave en su versión del Onegin basado en la novela de Pushkin: la caída del telón de acero en 1991.  Ésto da una nueva vuelta a la historia de Tatiana y Eugen, sitúa su dramática historia de amor en nuevos ambientes y profundiza los contrastes entre los mismos. 


Tenemos, por un lado, el pueblo del cual proceden Lenski y Onegin, el cuerpo de baile interpreta al populacho con pasos inspirados en el Rock'n Roll y música rock de Sitkovetsky que contrasta con las melodías de Tschaikovsky; el resultado es anticuado incluso si nos trasladamos a los años 90.



Por otro lado, tenemos la escena de Tatiana y Olga con sus amigas en el campo, que situado en el contexto de los hechos del '91 recuerda a las típicas niñas campesinas de la URSS con sus pañuelos en el pelo; en este caso el material coreográfico se inspira más bien en la danza popular.


Y por último, tenemos a la clase alta, que Eifman sitúa a veces en el ambiente de un club nocturno donde las coreografías recuerdan a los shows del Friedrichstadtpalast (una reliquia del comunismo en Berlín del este); los representantes de la jet recuerdan más bien, a mafiosos. No sabemos si esta lectura del elemento "clase alta" es intencionado, pero sí tendría algo de sentido si lo situáramos en relación con las consecuencias políticas en la ex URSS cuyo resultado todos conocemos, la caida del régimen comunista.


Dejando de lado los momentos "Thriller" a lo Michael Jackson y las partes del pueblo danzante,  que a veces se asemeja a West Side Story, nos encontramos con una compañía de danza fantástica, con un nivel técnico altísimo. Las coreografías de ballet contemporáneo son más que sorprendentes por sus portes innovadores y la gran versatilidad de los bailarines  en su ejecución. Las creaciones de Eifman demandan gran velocidad y limpieza a sus interpretes y ellos están a la altura, sin duda. 


En resumen "Onegín" de Boris Eifman no es quizás su mejor obra, pero no nos deja indiferente, te intriga por la introducción de la caída del telón de acero, deja sin aliento por sus grandes bailarines y cojea por la sobrecarga de la historia y sus momentos "Thriller" y "West Side Story". El público sin duda ha agradecido la presencia de la compañía en nuestra ciudad con grandes aplausos demostrando que Málaga ama a la danza.

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