jueves, 1 de julio de 2010

DEBORAH J. CARTER


Una crónica de Miguel Ángel Barba
Fotos: Daniel Pérez / T.C.
Deborah J. Carter. Daytripper
Teatro Echegaray
5 de junio de 2010


Deborah J. Carter: Voz
Christian Doepke: Piano
Mark Zandveld: Bajo
Enrique Firpi: Batería


Versionar a los Beatles tiene dos caras claramente diferenciables y a veces traicioneras. Por una parte, personalmente soy de los que opinan que The Beatles son uno de los mejores grupos de la historia para reinterpretar, versionar, arreglar, etc porque sus canciones tienen esa simpleza que las hace muy manejables y al mismo tiempo, complejas, sientan unas claras bases de por donde pueden ir las posibles versiones, que son casi todas. 


De hecho ellos mismos lo hicieron con algunas de sus experimentaciones de lo que luego serían la psicodelia, el heavy, el rock sinfónico, las músicas del mundo y la fusión, gracias a incursiones como los albunes Revolver o Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, canciones como Within You Without You, Long,long,long, Strawberry Fields Forever o Helter Skelter, y un largo etcétera.


Pero por otra parte uno puede encontrarse con que, debido a esa supuesta facilidad, existen millones de versiones, arreglos, grabaciones... entre las cuales hay penosas pero también están las de los más grandes de la música desde los 60 hasta nuestro siglo. Lo cual puede llevar a que cualquier cosa que se haga se mire con lupa, se compare con las versiones de Elvis, Ray Charles, Sinatra y una larguisima nómina de primerísimas figuras, algunas muy difíciles de resitirles una comparativa.


Versiones de Jazz existen desde el Do You Want To Know a Secret de Count Basie, hasta los mas recientes Chik Corea, Diana Krall, Dave Grusin, Arturo Sandoval y McCoy Tyner, pasando por clásicos ya como el Blackbird de Jaco Pastorius Big Band , el I Want You de George Benson, el She Loves You de Rita Lee, el I’ve Just Seen a Face de John Pizzarelli, el potentísimo y virtuoso despliegue de guitarra de Stanley Clarke en su versión de Eleanor Rigby o el Norwegian Wood de Herbie Hancock. No podemos olvidar por tratarse de voz femenina el acercamiento de Ella Fitzgerald con Glass Onion, Savoy Truffle, Can't Buy Me Love o la inmortal versión de A Hard Day's Night.






Con esta panoplia de genialidades musicales, interpretativas y de arreglos es fácilmente imaginable lo que puede suponer a nivel de crítica una aventura como la emprendida por Deborah J. Carter. Es sumamente arriesgado que te comparen con tan grandísimas versiones. Y es de justicia el reconocer que sale muy bien parada del envite, tanto ella como los músicos que desarrollan una parte importantísima de la apuesta Daytripper.

Una simpatica y dichararera Deborah se presentó en el Echegaray hablando un casi perfecto español, fruto de los 15 años que vivió en nuestro país. Inició el recorrido por su Daytripper regalándonos un muy buen Can't buy my love y un excelente Fixing a hole, un desconocido Oh Darling, tañido como balada, en una muy elegante e interesante propuesta de cambio de registro con respecto al original desgarrado e hiriente y un Things we said today, preciosista, recreándose el trio musical en la versión.


Entre medio, "para limpiar el paladar" según nos dijo, introducía otras como el Round Midnight de Thelonius Monk, con un precioso piano interpretado por el fantástico Christian Doepke o The lamp is low de la genial Carmen McRae a la que nos recordó brevemente en interpretaciones posteriores.





Como en Day Tripper, con una potentísima sección rítmica de bajo y batería, mucho compás y swing y un trabajo vocal interesantísimo, incluidos los típicos tarareos onomatopéyicos típicos del jazz. O en la versión de Yesterday, con una genial introducción de piano que, excepto los más avezados, nadie reconoció hasta iniciarse la parte cantada: con voz profunda, grave, y con aires, no solo de McRae sino de otras grandes damas negras del jazz.






Quizá la melodía mas reconocible para el público vino de la mano de un medley que incluía a Here, There and Everywhere y I Will interpretados de una forma encantadora y dulce que arrancó un
a tormenta de aplausos.


Sister Sadie, de Horace (Holy) Silver, un blues fantástico, con un solo de piano tremendo, con una frenéticas escalas disonantes... uff, Barry Manilow y Sarah Vaughan fueron nuevas limpiezas de paladar antes de encarar la recta final con And I love her y las antedichas Day tripper y Yesterday y redondeando el concierto con un Ticket to ride de lo más viajero, con aires diversos gracias al excelente trio que la acompañaba y que supuso una gran despedida a una gran noche de jazz, pop y swing. Excelente también el trabajo de Mark Zandveld al Bajo y Enrique Firpi a la batería.

Me quedo con una frase que Deborah J. Carter, gran cantante y gran persona, compartió con nosotros y que refuerza mi opinión vertida en la introducción:
"Una canción es como un edificio, si está bien hecha puedes hacer cualquier cosa con ella".

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